📌 En este análisis
La historia real detrás de la película Unabomber de Netflix se centra en los experimentos psicológicos de Henry Murray en Harvard durante los años 50 y su presunto papel en la radicalización de Ted Kaczynski. Aunque la película vincula directamente estas pruebas abusivas con su violencia antitecnológica, los registros históricos y las propias declaraciones de Kaczynski revelan una realidad mucho más compleja sobre su salud mental y sus supuestos lazos con el programa MKUltra de la CIA. Este análisis examina lo que ocurrió realmente durante aquellas agotadoras sesiones en Harvard y hasta qué punto el drama cinematográfico se ajusta a la historia documentada.
Lee este análisis también en inglés: Unabomber on Netflix: The True Story Behind Henry Murray’s Harvard Experiments
La historia que vemos en Unabomber, la película de Netflix de 2026 protagonizada por Russell Crowe y Jacob Tremblay, está arraigada en hechos reales, algo que cualquiera que siguiera las noticias en los años 80 y 90 ya sabe de sobra. Mirar de cerca una película como esta hoy en día implica fijarse en los ángulos específicos que la producción decidió destacar, aspectos que no estaban necesariamente en primer plano en la cobertura mediática de la época. Y para muchos de nosotros, el hilo conductor más intrigante del filme quedó claro desde el primer momento: la conexión con el profesor universitario Henry Murray y los experimentos psicológicos en los que Ted Kaczynski participó a finales de los años 50.
Este es sin duda uno de los pilares centrales de la película, basándose en las investigaciones periodísticas que salieron a la luz tras la detención de Kaczynski. La cinta defiende una teoría muy concreta: que esos experimentos tan brutalmente agresivos sirvieron como detonante principal de su deriva hacia el terrorismo, planteando que fue en ese instante preciso donde nació Unabomber. La verdadera pregunta, sin embargo, es qué parte de esta conexión pertenece a la historia documentada y cuánta queda abierta a la interpretación. ¿Estaban los experimentos del doctor Henry Murray realmente financiados por las agencias de inteligencia gubernamentales y qué pretendían conseguir en realidad?
Como de costumbre, en este artículo analizamos la frontera entre los hechos históricos contrastados y las licencias creativas introducidas por los cineastas.
¿Quién es Henry Murray? Su historia antes de los años 50
A finales de los años 50, cuando Henry Murray puso en marcha los experimentos que aparecen en Unabomber, ya era una de las figuras más destacadas y reconocidas en el campo de la psicología. En realidad, su formación había comenzado en la medicina y la bioquímica, pero durante una estancia de varios años en Europa tuvo la oportunidad de trabajar estrechamente con Carl Jung a lo largo de tres semanas. Aquella serie de encuentros cara a cara despertó en él una pasión por la psicología que acabó cambiando por completo el rumbo de su carrera.

De regreso en Estados Unidos, Murray centró todos sus esfuerzos en la psicología. Fue durante este periodo cuando desarrolló el Test de Apercepción Temática (TAT) y publicó su libro Explorations in Personality, donde sintetizaba sus investigaciones sobre los rasgos de la personalidad, las necesidades humanas y la motivación. La reputación que se labró a lo largo de esos años llevó a la inteligencia estadounidense a reclutarlo como jefe de psicología durante la Segunda Guerra Mundial. Entre 1939 y 1945, Murray dirigió una serie de estudios centrados en evaluar el comportamiento humano bajo estrés extremo, las dinámicas psicológicas de la propaganda y los perfiles de los líderes enemigos. Como parte de ese trabajo, elaboró un perfil psicológico de Adolf Hitler en el que predecía que el líder alemán se suicidaría en caso de ser derrotado, un pronóstico que, como es bien sabido, acabó cumpliéndose.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Murray recuperó su cátedra en la Universidad de Harvard y reanudó sus investigaciones en psicología experimental, lo que nos lleva directamente a los experimentos que muestra la película Unabomber.
Henry Murray, Ted Kaczynski y los experimentos de Harvard: ¿es una historia real?
Entre 1959 y 1962, el profesor Henry Murray llevó a cabo efectivamente una serie de polémicos experimentos psicológicos con un grupo de estudiantes de la Universidad de Harvard. El objetivo declarado de aquellas pruebas era estudiar las reacciones humanas ante situaciones de estrés extremo, donde las creencias más profundas de los participantes eran atacadas brutalmente a nivel personal. Esos experimentos culminaron en la publicación del estudio Studies of Stressful Interpersonal Disputations en la revista American Psychologist en 1963, un documento que sigue disponible a día de hoy en la web de la Asociación Estadounidense de Psicología.
Cabe señalar que la controversia en torno a estos experimentos no estalló en aquel momento, sino que se desató tras el arresto de Unabomber en 1996. Una vez que el pasado de Ted Kaczynski se hizo público, los medios comenzaron a analizar al detalle cada aspecto de aquellos ensayos. Por aquel entonces, un periodista en particular, Alston Chase, escribió un artículo que más tarde amplió en el libro de 2003 Harvard and the Unabomber: The Education of an American Terrorist. En él, Chase describe los experimentos de Murray como un auténtico abuso psicológico, sugiriendo que fueron el detonante exacto que despertó los instintos violentos de Kaczynski como una forma de venganza contra el sistema.
Es aquí donde entramos en un terreno abierto a la interpretación personal. Según Chase, la conexión entre las acciones de Unabomber, su manifiesto y la tortura psicológica que sufrió a manos de Henry Murray es clara, argumentando que no es casualidad que los académicos estuvieran entre sus víctimas más frecuentes. Al fin y al cabo, de ahí proviene precisamente el apodo de Unabomber, originado a partir del nombre en clave que le asignó el FBI, UNABOM, siglas de UNiversity and Airline BOMbing (bombardeos a universidades y aerolíneas).
Durante estos experimentos, se pedía a los participantes que escribieran un breve ensayo sobre su filosofía personal de vida para entregárselo a los coordinadores. Posteriormente, se les llevaba a una serie de debates cara a cara con un «joven y talentoso abogado» en los que debían presentar y defender sus ideas. Sin embargo, y sin previo aviso, estos debates estaban diseñados para convertirse —en palabras textuales del estudio de Murray— en algo «mucho más vehemente, demoledor y personalmente abusivo de lo que se les había hecho esperar», todo con el fin de medir las respuestas fisiológicas de los sujetos ante un duro ataque verbal a sus convicciones más profundas. Una vez concluidos los debates, se obligaba incluso a los participantes a ver las grabaciones en vídeo de sus propias reacciones durante aquella dura prueba.
¿Desencadenaron realmente aquellos experimentos los crímenes de Unabomber?
Hoy en día, la comunidad científica coincide en que esos experimentos fueron profundamente antiéticos, pero ese consenso tomó forma únicamente cuando los detalles salieron a la luz tras la detención de Unabomber: en los años 50, nadie habría cuestionado los métodos de una autoridad de la talla de Murray.
Asimismo, vale la pena señalar que la teoría que sostiene que estos experimentos desencadenaron la violencia de Unabomber fue rechazada sistemáticamente por el propio Ted Kaczynski. Él siempre insistió en asumir la autoría total de las ideas que finalmente impulsaron su manifiesto y sus actos de terrorismo contra figuras clave del progreso tecnológico moderno. Durante su juicio, Kaczynski declaró que guardaba rencor a Murray y a los demás investigadores específicamente por invadir su privacidad, pero descartó la afirmación de que el estudio hubiera alterado significativamente el curso de su vida.
Otro punto planteado por los críticos de esta conexión directa reside en el estado psicológico previo de Kaczynski en la época de los experimentos. Era ampliamente conocido como un joven al que le costaba enormemente relacionarse socialmente, que sufrió acoso escolar y que se sentía incapaz de encajar. Gran parte de esto se debía a su inteligencia excepcional, que lo llevó a saltarse varios cursos a una edad temprana, dejándolo como el más joven y de menor estatura física entre sus compañeros. Cuando llegó a Harvard en 1958, Ted Kaczynski era una mente brillante, pero solo tenía 16 años y no contaba con ningún amigo de verdad.
La película Unabomber sugiere la posibilidad de que Kaczynski ya padeciera esquizofrenia en aquel momento, pero esto nunca llegó a probarse, y el propio Kaczynski rechazó categóricamente esa idea a lo largo de toda su vida. Sin embargo, es cierto que la evaluación psiquiátrica realizada tras su detención le diagnosticó oficialmente esquizofrenia paranoide, alegando sus delirios de la edad adulta, su obsesión con la tecnología como instrumento de control y su firme creencia de ser el objetivo de conspiraciones generalizadas.
¿Estuvieron los experimentos de Henry Murray realmente financiados por la CIA?
Tras la publicación del libro de Alston Chase, cobró fuerza la creencia popular de que los estudios de Henry Murray estaban financiados en secreto por la CIA como parte del infame programa de investigación MKUltra, el cual respaldaba experimentos éticamente cuestionables sobre guerra psicológica y control mental. Aunque MKUltra es un hecho histórico ampliamente documentado (puedes encontrarlo en Wikipedia), su conexión directa con el trabajo de Murray nunca se ha llegado a probar. Cuando Murray publicó Studies of Stressful Interpersonal Disputations, citó oficialmente la financiación de la Oficina de Investigación Naval, una rama de la Marina de los Estados Unidos.
Dicho esto, la CIA cofinanciaba con frecuencia proyectos gestionados por la Oficina de Investigación Naval. Si a eso le sumamos la trayectoria conocida de Murray dirigiendo experimentos de estrés psicológico para el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, la teoría de que los servicios de inteligencia financiaron su trabajo resulta plenamente plausible. Sin embargo, conviene destacar que cuando los documentos desclasificados de MKUltra vieron la luz en los años 70, los investigadores no encontraron mención alguna a Henry Murray ni a sus ensayos en Harvard en ningún lugar de esos registros.
En los años 50 y 60, la financiación militar para la investigación universitaria era una práctica habitual. El gasto en defensa constituía el principal motor financiero tras los estudios académicos, y cuando el gobierno financiaba proyectos de forma directa, los investigadores gozaban de un margen de maniobra ético sorprendente. Mientras que los estudios respaldados por fundaciones privadas u organizaciones de salud afrontaban una supervisión rígida y exigencias estrictas de resultados, los proyectos financiados por el presupuesto de defensa nacional disponían de mucha más libertad para operar.
En última instancia, nunca se han hallado pruebas que demuestren que la investigación de Murray estuviera impulsada por los servicios de inteligencia para lograr avances en manipulación psicológica o control mental. Sigue siendo una teoría plausible, y una en la que la película Unabomber se apoya enormemente para construir su narrativa. Como espectadores, resulta útil ver la película con ese contexto en mente, separando lo que son hechos históricos documentados de lo que es una mera interpretación dramática.
