📌 En este análisis
La cuarta temporada de la serie de Netflix Monsters reinterpreta los crímenes históricos de Lizzie Borden, Elizabeth Báthory y Aileen Wuornos dentro de una narrativa feminista unificada centrada en la resistencia al patriarcado. Aunque los traumas documentados de Aileen Wuornos ofrecen una base real para este enfoque temático, la serie recurre a conexiones ficticias para vincular a las figuras del pasado. Este análisis explora dónde termina la historia real y dónde comienza la creación del mito, examinando cómo el show transforma casos independientes de true crime en una reflexión más amplia sobre la furia femenina y la justicia sistémica.
Lee este análisis también en inglés: Lizzie Borden, Elizabeth Báthory, Aileen Wuornos: Fact vs. Fiction in Monsters Season 4
La cuarta entrega de la antología Monsters de Netflix está generando un intenso debate, aunque, considerando cómo fue concebida esta vez, era algo casi inevitable. Para la temporada centrada en Lizzie Borden, Ian Brennan y Ryan Murphy decidieron ir mucho más allá de la historia real y de los hechos verificados. En su lugar, presentan una versión fuertemente dramatizada de los acontecimientos, donde la culpabilidad de Lizzie se da por sentada y los asesinatos se cometen con la ayuda de la sirvienta, Maggie. Algo que, como veremos, nunca llegó a probarse.
Pero la propuesta va todavía más lejos. La serie encuadra la historia de Lizzie Borden como un símbolo más amplio de cómo las mujeres han tenido que desenvolverse históricamente en el mundo. Para reforzar esta idea, otras dos famosas asesinas en serie hacen apariciones recurrentes: Aileen Wuornos, de la historia contemporánea estadounidense, y la condesa húngara Elizabeth Báthory, que vivió entre los siglos XVI y XVII. Es una elección deliberada con la que los creadores envían un mensaje muy claro: cuando una mujer comete un asesinato, siempre existe una causa de raíz profundamente vinculada al lugar que ocupa en la sociedad.
Analizar las diferencias entre la representación de Lizzie Borden en Netflix y la historia real detrás de estas tres mujeres ayuda a entender el porqué de estas decisiones creativas. Cada vez que Monsters nos muestra algo que no está respaldado por hechos reales comprobados, lo hace para remarcar una idea muy concreta.
Lizzie, Elizabeth y Aileen: Matar para recuperar el control
Tal y como las retrata la serie de Netflix, Lizzie Borden, Elizabeth Báthory y Aileen Wuornos son tres asesinas que actuaron con premeditación, viendo el asesinato como una reacción inevitable al papel que la sociedad les había asignado. Conviene aclararlo una vez más: muchos de estos aspectos están fuertemente dramatizados en la ficción, por lo que estos paralelismos responden al mensaje de fondo de la serie más que a hechos históricos reales.
Según el show, Elizabeth asesinaba a mujeres jóvenes porque sentía el enorme peso de su juventud desvanecida, sabiendo que convertirse en una condesa anciana mermaría su posición en un mundo donde el poder lo era todo. Bañarse en la sangre de todas esas vírgenes le parecía una solución práctica a una mujer obsesionada con no perder su autoridad. Lizzie Borden, por su parte, representa a una mujer humillada y maltratada por su propia familia sin forma de defenderse: matar a sus padres se convierte en su única salida de la jaula en la que se había convertido su vida. Aileen Wuornos comparte esa misma toma de conciencia con Lizzie, sintiéndose constantemente vulnerada por una sociedad dominada por hombres. Sola frente al mundo y sin otras armas a su alcance, no ve más opción que atacar a los hombres a quienes considera responsables de la subyugación de las mujeres.
Tres figuras pertenecientes a clases sociales completamente distintas (Elizabeth en representación de la alta aristocracia, Lizzie de la clase media y Aileen del estrato más vulnerable de la sociedad) que, según la serie, terminan inspirándose unas a otras. En esta cuarta temporada de Monsters, cada una de estas mujeres se ve arrastrada a un acto tan brutal como el asesinato porque sus circunstancias no les dejan otra salida. Simplemente no había otra opción para que Elizabeth conservara su juventud, para que Lizzie escapara del maltrato de sus padres o para que Aileen se rebelara contra toda una vida de sometimiento social. Fue su manera de intentar recuperar algo de control sobre el rumbo de sus vidas.
Tres ejemplos de mujeres enfrentadas a realidades profundamente injustas, que recurren a actos extremos porque su contexto no les ofrecía alternativa. Dentro de la lógica de la serie, sus historias sirven de inspiración para quienes vienen después, mostradas casi como ejemplos de valentía: rebelarse contra la condición femenina exige una voluntad de hierro, y quienes lo hicieron en el pasado siempre tienen algo que enseñar.
Sin embargo, el paralelismo que construye la serie de Netflix se apoya en elementos que no siempre coinciden con los hechos reales de sus vidas. Por eso resulta tan crucial separar la historia documentada de todo lo que se ha extraído de teorías, folclore e interpretaciones ajenas. Situar a estas tres mujeres en la misma sintonía existencial dice mucho menos sobre quiénes fueron en realidad y mucho más sobre cómo la historia y la cultura las han mirado a lo largo del tiempo.
Monsters – La historia de Lizzie Borden: las diferencias entre la serie de Netflix y la historia real
Lizzie Borden: la culpabilidad era indispensable
El aspecto más fundamental sobre cómo Monsters aborda la historia de Lizzie Borden en Netflix se reduce a su culpabilidad: la serie presenta los hechos con absoluta certeza, mostrándonos a Lizzie asesinando a sus padres con un hacha, pero en la vida real eso nunca llegó a probarse. El juicio terminó con la absolución de Lizzie Borden y, aunque tampoco se confirmó ninguna teoría alternativa, simplemente no hubo pruebas suficientes para demostrar que ella fuera la responsable.
Como es lógico, retratar a Lizzie como la única responsable de los asesinatos era una pieza indispensable para el mensaje que la serie quería transmitir, sin dejar lugar a dudas en la mente del espectador sobre su culpabilidad. Y si Lizzie realmente fue quien mató a sus padres, la implicación de la sirvienta Maggie (cuyo nombre real era Bridget Sullivan) pasa a darse casi por sentada: en la vida real nunca existió prueba alguna de una relación sentimental entre ellas, pero los rumores sobre la orientación sexual de Lizzie eran de sobra conocidos, lo que facilitó presentar la participación de Maggie como algo motivado por sus sentimientos.
En el caso real, el testimonio de Maggie resultó crucial para la absolución de Lizzie. Ambas eran las únicas personas presentes en la casa en el momento de los crímenes, lo que significa que, si Lizzie hubiese sido la asesina, el relato de Maggie tuvo que ser fabricado para encubrirla. Como ilustra la serie, la versión de los hechos de Lizzie cambió constantemente, y ver cómo su historia se contradecía una y otra vez fue precisamente lo que convenció a tanta gente de su culpabilidad. De ahí que la famosa rima infantil calara más tarde en la cultura popular, convirtiendo a Lizzie en el monstruo definitivo del pueblo; por eso, si se da por sentada su culpabilidad, resulta casi natural asumir que Maggie fue la cómplice que la ayudó a llevarlo a cabo.
En realidad, nunca se encontró una prueba definitiva de la culpabilidad de Lizzie y, aunque ninguna teoría alternativa se sostuviera demasiado bien, no había manera de que un jurado llegara a un veredicto condenatorio. La actitud de Lizzie durante el juicio jugó un papel definitivo, y su desmayo cuando le presentaron los cráneos de sus padres dejó una huella imborrable en los miembros del jurado. Más allá de eso, la postura generalizada de la época era sencillamente que una mujer era incapaz de cometer un crimen de semejante brutalidad. Tampoco existe prueba alguna de que Lizzie y Maggie mantuvieran el contacto tras los crímenes: de hecho, Maggie acabó casándose con su empleador en Montana, lo que convierte las escenas de la serie que muestran una relación secreta en pura especulación.
Dentro de la lógica de Monsters, no bastaba con que Lizzie fuera simplemente culpable; su móvil tenía que nacer directamente del maltrato de sus padres. Hay teorías alternativas que sugieren que Lizzie mató a sus padres tras ser sorprendida en un momento de intimidad con Maggie, pero eso no encajaba con el enfoque de mostrar a Lizzie como víctima de la violencia estructural que sufrían las mujeres en aquella sociedad. De igual modo, la posible implicación de Maggie podría explicarse simplemente por devoción hacia quien le pagaba el sueldo, pero una chispa romántica funciona infinitamente mejor en pantalla. Las tensiones entre Lizzie y sus padres están respaldadas por múltiples testimonios de la época, y la visita de su tío John Morse es también un hecho histórico: apenas tenía trato con la familia y, sin embargo, casualmente durmió en la casa la noche anterior a los asesinatos.
Sin embargo, lo que la serie de Netflix necesitaba era a una mujer victimizada por sus propios padres, para quien el asesinato representaba la única salida posible. Y las otras dos asesinas presentes en el show comparten un enfoque narrativo muy similar, aunque no esté necesariamente respaldado por los hechos reales.
Elizabeth Báthory y la leyenda de la sangre
A diferencia de las otras dos asesinas, Elizabeth Báthory estuvo muy lejos de ser una víctima del mundo. La serie de Netflix se apoya fuertemente en una de las mayores leyendas que giran en torno a ella: la idea de que asesinaba a jóvenes locales porque necesitaba sangre de virgen para rejuvenecer su piel. Sin embargo, todo el mito de los baños de sangre no fue más que folclore local surgido más de un siglo después de la muerte de la condesa. En la literatura clásica, esa misma corriente del folclore terminaría inspirando el Drácula de Bram Stoker a finales del siglo XIX.
En la vida real no existe el menor rastro histórico de esos baños de sangre. La verdad es que Elizabeth Báthory mató por puro sadismo: siendo una poderosa propietaria de tierras, utilizó su posición de poder para obligar a sus sirvientes a ayudarla a perpetrar una serie de horribles asesinatos. Sus actos resultaban tan difíciles de encajar con la imagen de una noble influyente que, años después, surgieron teorías según las cuales todo el caso fue en realidad una conspiración política para condenarla y apoderarse de sus vastas propiedades; su inmensa fortuna ofreció a sus enemigos motivos más que suficientes para aliar fuerzas y acabar con ella.

Sin embargo, el volumen de testimonios que demostraban el sadismo de la condesa era sencillamente demasiado amplio como para descartarlo como una mera conspiración coordinada. Muchos de esos relatos procedían de hombres que trabajaban directamente a sus órdenes y que ya no podían soportar las atrocidades que ocurrían dentro del castillo. Entre los actos descritos se hablaban de torturas con agujas, cuchillos y hierros al rojo vivo, así como mutilaciones y muertes provocadas por congelación, inanición y deshidratación. A fin de cuentas, Elizabeth Báthory está considerada una de las asesinas en serie más prolíficas de la historia, con estimaciones que sitúan la cifra de sus víctimas en torno a las 300 personas.
Resulta difícil encuadrar semejantes actos como una respuesta inevitable a la opresión de las mujeres. Aun así, Monsters de Netflix utiliza los mitos que rodean a su figura para construir una motivación defensiva y de venganza para Elizabeth Báthory. Existía la leyenda de que Elizabeth había sido agredida por un campesino local y que le arrebataron a su recién nacido al nacer, junto con el mito de los baños de sangre y su obsesión por mantenerse joven. Nada de esto tiene base en la historia documentada, pero a los creadores de la serie les sirvió para tender un puente temático con la situación de Lizzie Borden. Para la joven Lizzie, la condesa «Elizabetta» se convierte en una mujer que logró devolver el golpe a un mundo que la maltrataba, demostrando el coraje de actuar con una violencia despiadada que nadie esperaba de una mujer.
Para cerrar el círculo, lo cierto es que durante la época de Lizzie Borden sí existían libros que documentaban la vida de Elizabeth Báthory, publicados principalmente en Europa. Por tanto, la idea de que la sirvienta Maggie (nacida en Irlanda en la vida real) le regalara ese libro es técnicamente posible desde el punto de vista cronológico, pero altamente improbable. La teoría de que Lizzie tuviera el más mínimo conocimiento de los crímenes de Elizabeth Báthory es un recurso inventado por primera vez por Monsters de Netflix, sin el menor respaldo en hechos documentados.
Aileen Wuornos: odiar al mundo lo suficiente como para querer verlo muerto
De las tres asesinas retratadas en la cuarta temporada de Monsters, Aileen Wuornos es probablemente la que mejor encaja en la imagen de víctima de un mundo hostil. Fue abandonada por sus padres con solo tres años de edad y criada por sus abuelos maternos, ambos alcohólicos. Su abuelo ejercía la violencia contra ella y las acusaciones de abusos sexuales en el entorno familiar resultaban del todo plausibles. De hecho, los registros judiciales confirman que Aileen fue violada a los 14 años por un amigo de la familia y posteriormente obligada a dar a su bebé en adopción justo después de nacer.
Desde esta perspectiva, la historia real de Aileen Wuornos refleja en cierto modo la leyenda que rodea a Elizabeth Báthory. Aileen fue realmente una niña con una infancia desgarradora a la que echaron de casa a los 15 años. A esa edad, sin nadie a quien recurrir, el trabajo sexual se convirtió en su único medio de supervivencia, y resulta fácil imaginar con cuántos hombres violentos se cruzó en esas circunstancias. Su primer asesinato, el que se muestra en Monsters, tuvo como víctima a un cliente que efectivamente contaba con una condena previa por tentativa de violación, lo que daba una plausibilidad real a la versión de legítima defensa que Aileen sostuvo durante años. Sin embargo, en el juicio, el juez se negó a admitir el historial delictivo de la víctima como prueba relevante, y las evaluaciones psiquiátricas que la diagnosticaron con trastorno límite y antisocial de la personalidad no sirvieron de nada: fue condenada a muerte por ese mismísimo primer asesinato.
Sin embargo, en un marco más amplio, es probable que los otros seis asesinatos cometidos por Aileen ocurrieran antes de que esos hombres llegaran a mostrarse violentos con ella. Sus declaraciones al respecto fueron constantemente contradictorias y, aunque siempre retrató a esos hombres como agresores violentos que la atacaban activamente, admitió en varias ocasiones que les disparó antes de que se produjera una violencia real. En última instancia, Aileen vivió una existencia tan impregnada de trauma y dolor que desarrolló un odio comprensible hacia toda la humanidad. Las palabras que mejor la definen son las que ella misma utilizó al renunciar a cualquier otra apelación judicial en 2001: «Maté a esos hombres y volvería a hacerlo. No estoy loca, estoy cuerda y soy competente. Simplemente soy alguien que odia profundamente la vida humana y volvería a matar».

Sin embargo, no era exactamente una sádica que disfrutara con el sufrimiento ajeno. Aileen fue la víctima de un mundo cruel, totalmente desprovista de herramientas para afrontar los incesantes abusos que se le impusieron. Odiar al mundo, para alguien en su posición, resultaba prácticamente inevitable, y recurrir a actos extremos como el asesinato se convirtió en una consecuencia del trauma soportado desde una edad muy temprana. El enfoque feminista introducido por Monsters, que presenta a Aileen Wuornos como alguien harta del trato que la sociedad dispensaba a las mujeres, sirve como puente narrativo de vuelta a Lizzie Borden, o al menos a la versión de ella que retrata la serie.
Una vez más, no existe prueba alguna de que Aileen Wuornos se inspirara realmente en los crímenes de Lizzie Borden, y mucho menos de que llegara a visitar su casa. Trazar un paralelismo entre ambas y presentar las acciones de Aileen como una defensa frente a hombres depredadores desplaza sus asesinatos al terreno de la represalia. Sin embargo, de las tres, Aileen es aquella en la que este enfoque se siente más asentado en la realidad: mientras que los abusos sufridos por Elizabeth Báthory y Lizzie Borden siguen siendo objeto de debate y contexto, el hecho de que Aileen Wuornos fuera víctima reiterada de la violencia, la humillación y una profunda hostilidad es un hecho documentado. Sus asesinatos no fueron actos calculados de venganza, sino más bien una consecuencia involuntaria de una realidad brutal que no tenía otra manera de gestionar.
Su condena a muerte por inyección letal y esas escalofriantes palabras finales que la oímos pronunciar en la serie pertenecen a la historia real de Aileen Wuornos. Más allá de eso, la serie utilizó su personaje para dar peso a su tesis central: que las tres asesinas actuaban simplemente en defensa propia frente a lo que la sociedad les había impuesto.
La narrativa feminista de Monsters Temporada 4
Por lo tanto, el cuarto capítulo de Monsters, centrado en Lizzie Borden, no debería tratarse como un documental que pretende exponer los hechos reales. Incluso más que en las temporadas anteriores, esta entrega se apoya en suposiciones deliberadas, omisiones intencionadas y reinterpretaciones dramáticas, todo ello diseñado para presentar las acciones de la protagonista como actos de venganza frente a las condiciones opresivas a las que se vio sometida.
Y para llevar esa narrativa un paso más allá, la temporada vincula a Lizzie Borden con otras dos asesinas históricas, Elizabeth Báthory y Aileen Wuornos, entretejiéndolas en un único hilo temático que las retrata como mujeres que devuelven el golpe frente al maltrato que padecieron. Pero, en líneas generales, el mensaje que transmite la serie es en gran medida el producto de elecciones creativas deliberadas, alejándose bastante de la historia real de las personas involucradas.