El significado de Creep de Radiohead

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¿Cuántas veces nos sentimos raros, fuera de lugar, incapaces de comprender el mundo que nos rodea y sus dinámicas?

Si la respuesta es “muchas veces”, entonces te resultará fácil, como me sucede a menudo a mí, gritar por este sentimiento de alienación. Y así, “I’m a creep, I’m a weirdo”, se convierte en una frase en la que todos podemos reflejarnos fácilmente.

But I’m a creep
I’m a weirdo
What the hell am I doing here?
I don’t belong here
I don’t belong here

Musicalmente, el rasgo distintivo de la canción Creep de Radiohead está representado por las “notas muertas” de la guitarra, en el paso del verso al estribillo. Las notas fantasma, notas muertas o notas fantasma, son notas no tocadas, que emiten su propio sonido distintivo. Se obtienen cuando la mano izquierda del músico detiene las cuerdas, simplemente tocándolas, para no hacerlas vibrar, produciendo un sonido percusivo, con un tono indefinido. Greenwood, el guitarrista, dijo que lo hizo porque no le gustaba la atmósfera tranquila de la canción, por lo que golpeó las cuerdas con fuerza, lo que resultó en un ruido inusual y peculiar. Podríamos decir que tratando de arruinar la atmósfera, creó la pieza. Esos acordes bloqueados y distorsionados se han convertido, de hecho, en el rasgo más reconocible de la pieza.

Pero, ¿de qué trata esta canción hecha de susurros y gritos?
Fácil: del tormento de su autor.

Arrastrarse significa “moverse con el cuerpo rozando el suelo”, es decir gatear. Lo que se arrastra da miedo, y luego este término se convierte en un sustantivo que indica a la persona que causa una sensación desagradable. Creep es, en definitiva, una persona desagradable, una persona babosa, alguien a quien preferiríamos no tener cerca, alguien que nos avergüenza. No nos referimos, sin embargo, a una persona externa, a una mujer (como muchos han interpretado y como sugiere el texto), sino al lado de nuestro carácter que no nos gustaría ver. Nos pasamos la vida tratando de parecer luz cuando también somos sombras, ángeles cuando somos, al mismo tiempo, demonios.

Aquí está el sentido profundo de este pasaje: un ego que se dirige a un tú, en un grito desesperado destinado a no ser escuchado.

Thom Yorke ha dicho en varias entrevistas que ya no quiere cantar más esta canción suya, porque el hombre que la escribió, el que la vivió y la representó, ya no existe. Dejó de verse así, ese mismo sentimiento que sigue atrayendo a hordas de jóvenes, cansados, resignados y humillados por la sociedad que hemos construido, a tomar la guitarra y ponerse a cantar mientras producen una versión cada vez más auténtica de Creep. Hoy sería una estupidez pedirle a Thom Yorke que hiciera eso. Ya no es ese joven Creep obligado por el defecto congénito de su ojo izquierdo semiparalizado, a ver las cosas como se ven dentro de un caleidoscopio en el que se crean y se modifican formas, colores, matices y combinaciones, para luego autodestruirse.

Ya no es el niño que ha tenido que aprender a convivir con la persiana rota haciéndose pasar por pirata no tanto por diversión, sino para justificar su aislamiento, su soledad y seguir esperando con esfuerzo.

El defecto de la vista lo hizo más sensible a los sonidos y ruidos. Aprendió a escuchar las calles, los árboles, los gritos del alma y las voces de la humanidad. En las letras de sus canciones levantó varias veces la cortina, mirando hacia afuera y preguntándose si era de otro mundo, si este no era su lugar y cómo, como extraterrestre, habría visto y descrito la Tierra.

Y así idealmente se elevó en el aire y mirando hacia abajo, vio a muchos individuos aislados, ocupados llenando sus vidas con sensaciones vacías. Ha visto a los que se dan cuenta de que ya no les queda nada que sostener en las manos y a los que han perdido el corazón para poder rozar un sentimiento verdadero. Vio un mundo lleno de plástico y con la misma música también preenvasada y servida al público como en un restaurante de comida rápida.

Ante el espectáculo que vemos todos los días, es fácil y cómodo bajar las cortinas, quitarse todo el ruido de la cabeza y abrazar la oscuridad.

La música lo salvó, encontrando para él una posibilidad diferente en el camino de la oscuridad porque es el único arte capaz de expresar la visión de ambos ojos.

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