El castillo ambulante: significado y mensajes de la película de Miyazaki

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Entre las películas más queridas y premiadas de Hayao Miyazaki y Studio Ghibli, El castillo ambulante resume muchos de los elementos que el público adora del director japonés: la fantasía extrema, los personajes mágicos que penetran en la realidad, el sentido de búsqueda del bien, las formas de seres inventados (incluso edificios) que superan las fantasías más salvajes. Pero algo que distingue a El castillo ambulante de otras películas es la fuerte carga didáctica de la historia, que está basada en la homónima novela de Diana Wynne Jones, pero que a través de Miyazaki adquiere trazos a veces más claros, otras veces más desdibujados, para enviar mensajes específicos. Mensajes universalmente válidos, como suele pretender mostrar el arte oriental, y que merece la pena recordar de vez en cuando. En particular son cinco los mensajes principales:

Codarde es el que no tiene nada que defender

En la novela Howl es un mujeriego, en el largometraje este rasgo se reduce pero el protagonista sigue siendo un personaje escurridizo, al que le cuesta y rehuye de los vínculos y que carga con un egocentrismo propio. En la segunda parte de la película, Sophie enumera algunas de las faltas de Howl en el palacio de la hechicera Madame Suliman, y la cobardía es una de ellas. Pero unas escenas más tarde, el propio Howl le revela su cambio a Sophie, cuando ella le pide que no luche, que escape de la guerra: “¿Por qué? Ya he huido el tiempo suficiente. Finalmente encontré a una persona a la que siento que debo proteger”. Eres tú, Sophie”.

El amor nos hace eternamente jóvenes

La juventud y la vejez son temas siempre presentes en la película, desde el momento en que la pequeña Sophie se transforma en una anciana, por una maldición que durará toda la visión. Ser viejo te da dolencias físicas, te hace notar “lo difícil que es moverse”, pero también te da una astucia que no tienes cuando eres joven, y la sabiduría de quien siempre sabe lo que es correcto. En cualquier caso, una cosa es cierta: cuando amas, ya no eres viejo. Y suele pasar en la película que ves a Sophie flotando a medio camino entre la vejez (canas que no se van) y la fuerza de la juventud (cuando su rostro pierde todas las arrugas y vuelve a ser el de una niña): es cuando siente más fuerte la fuerza de sus sentimientos por Howl. El amor es una llama que permanece constante a lo largo de cada etapa de la vida, y para Miyazaki se convierte en el pegamento entre épocas lejanas.

No se puede cambiar lo que está lejano

Hay una escena hacia el final de la película, corta y en realidad menor, pero hermosa por el mensaje que envía. Ocurre cuando Howl regresa moribundo de la guerra, mientras el castillo es destruido y la llama de Calcifer, el corazón de Howl, se apaga porque está en manos de la Bruja del Páramo. Sophie debe recuperar el corazón de Howl de las manos de la anciana, pero la bruja que no quiere dejarlo en absoluto. El instinto podría ser arrebatárselo a la fuerza, sabiendo además qué sería justo hacerlo. Pero no. Sophie actúa de manera sorprendente: abraza a la bruja, y con lágrimas en los ojos le ruega que comprenda, que le entregue su corazón, porque es necesario. Le toma unos segundos darse cuenta de la realidad, y la llama vuelve a estar en las manos de Sophie. Para convencer a los que obstaculizan el flujo del bien, hay que acercarse a ellos. No puedes cambiar la cabeza de alguien si lo atacas, si pones el muro del conflicto entre tú y él. Solo cuando estáis del mismo lado podéis influenciaros mutuamente.

Las apariencias no son lo importante

Toda la película es una continua sorpresa al descubrir que la apariencia externa de los personajes no siempre coincide con su naturaleza. No solo Sophie, que aún esconde un espíritu joven detrás de su cuerpo viejo. El propio Howl alterna la apariencia de un príncipe encantador con las formas de un cuervo oscuro, y uno nunca está seguro de si es un monstruo o un ser bueno. Pero Sophie confía en lo que ha visto en su interior. Cómo confía en lo que hay detrás de la apariencia del espantapájaros Nabo. Y como por el contrario, el aspecto bonachón de la hechicera Suliman esconde en cambio la figura de un especulador de la guerra. Hay muchos factores que pueden cambiar la apariencia física. El clima, las heridas, los trucos, incluso los hechizos. Todo lo que queda es confíar en lo que tienes dentro.

La guerra no tiene nunca sentido

Si la guerra juega solo un papel marginal en el libro, la película está llena de secuencias de bombardeos de las que uno no puede escapar. Para Miyazaki era un elemento que había que describir con fuerza, por el impacto que estaba teniendo sobre él la guerra de Irak de aquellos años. A lo largo de la película no se entiende el verdadero motivo de esa guerra, no se sabe cuál es el objetivo del atacante. Para los pobres ciudadanos y para los perseguidos por el conflicto, la guerra es solo una fuerza inexplicable contra la cual es imposible sobrevivir. No se puede luchar contra algo que existe sin una razón. Uno no puede entender sus puntos débiles, sus raíces… para que puedan ser arrancadas. Simplemente parece una furia destructiva que no se detiene ante nada, con el único propósito de perpetuar su propio poder. Y esto, Miyazaki no podía aceptarlo. La guerra no tiene razones ni justificaciones y así se observa en la película.

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